IV
i
Por detrás de la crecida el río es flota,
de botes,
regata,
en la cual la rispidez de lo undoso,
es canto a la vida,
náutico;
en la polifonía de crestas y llano,
se torna confidente en el perplejo despiste de musarañas,
que navegan a bordo,
almizcleñas;
no menos confidentes las arañas
de agua cuyos pelos,
plateados,
al arrastrarse en sus nidos envuelven palos,
palitos,
rastrojos y cabos de caña.
ii
Entre aquellos fuertes olores
y estas urdidas madejas,
adulta se ha vuelto la noche,
en su regazo madre,
de todos.
iii
A quien esto lea le imploro,
tenga en cuenta,
que aquí,
el almizcle,
los palos,
palitos son versos,
lentos o acelerados,
movimiento que tan sólo acepta
el cauce,
de un río,
trémulo,
manso,
furioso,
en biológica sinergia de navegado y navegante.
Al que lea,
le imploro,
tenga en cuenta que aquí los versos son el río,
exultante,
generoso que acepta la flotación de gleba,
con vida encima,
gleba que en su meollo confronta ardores,
por ser ésta semejante a bóveda celeste,
piel luminosa,
hondura,
viaje hacia el cielo medio,
viaje hacia el negro agujero del suicidio.
Para éste que escribe
como un río es la poesía,
vestida por dentro,
desnuda por fuera;
escurridiza,
música de banda a caballo y al galope,
incómoda sobre rastrojos,
sacudida.
V
A causa de estos cambios,
obscuros,
de ovario,
dejo de ser lo que era,
en correrías ahora soy gato,
montés en apuros;
rata de campo,
acosada;
ojito cerrado,
ojito abierto,
papamoscas en su nido;
allá a lo lejos,
él alerta me susurra,
que entre esas copas campea,
selva de predadores;
en su tararí de limo en limo,
soy tararira que dentro de mí se remueve;
en la cueva donde todo es vida murciélago soy,
¿por qué no?
A su manera la noche,
para mí recrea el día.
A causa de esos volteos de oruga,
cambiándose la vestimenta
en inquietante canasta de paracaídas,
que dócil se enlentece a 100 metros de altura,
ni mejor ni peor que peón en conchabo de caza,
sobre orilla cenagosa,
hasta los corvejones metido en lo tobiano del lodo,
espantando codornices soy lebrel lucharniego;
para el patrón husmeo la pieza:
ésta,
herida en la ingle esconde,
debajo de la hojarasca su dolor,
que a mil precede a la muerte.
Como a 3 quilómetros río abajo,
insomne recaigo en la tríada
del lobito,
lobito de río;
son islas de lomos arqueados,
engarduñados,
del color que aceituna la luna en su mengua;
por todos lados escarpes,
hirsutos,
juncos,
la mimbrera del taray y por dentro,
como si fuera cuarto con catre,
una fina cola de arena,
desgreñada.
Mis rolos hacia ese lugar me conducen,
tal como si fuera un niño llevar me dejo,
para el cual las cosas no existen
pero sí sus escondrijos;
escondrijo es este cuarto con catre,
al fondo de la fina cola de arena,
lujosamente instalado en una de las lobitos.
A los compañeros en la ruta, con preferencia a los que con asiduidad han leído estas poesías, les digo que aquí, este blog se detiene; otras tareas me convocan (incluyendo la composición de un libro pendiente y su impresión). Han sido todos extremadamente tolerantes para con esta forma de escribir, que para la mayoría no es de recibo; mi agradecimiento sin fin. Es posible que este blog vuelva a ser, pero esto es una circunstancia a la cual no puedo precisar. Un emocionado adiós de quien los ama.
xavier
!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->