EN LA CHACRA DE HELECHOS QUE A TU CABEZA RECUBRE
Con esta poesía me despedí de los compañeros y compañeras sur americanos y europeos, concurrentes al 10º Congreso de escritores aBrace,
recientemente realizado en la ciudad de Porto Alegre-República federativa del Brasil
Peino,
a la hebra despeino;
de pronto soy marinero,
las tablas de mi armazón junto,
con aguja de talabartero e hilo de seda,
en mi carrete dispuesto para cuando sea;
de salida,
en el ijar sin tierra a la vista,
del mar,
mi remo froto.
Sobre la redonda arista me escurro,
que da hacia los cuatro vientos,
del abismo;
descubro,
en procura del hocico,
tanteo,
desde el cual,
dicen que la tierra asoma,
tal si fuera esquivo ojo de Dios,
en llamas.
Como acertando,
en el portal meto brea,
pedrería para observar allí cuelgo,
no se toca;
a la altura de lo que pudiera haber sido,
en patio de ángeles parra,
huidizos,
cuelgo con aquel hilo de seda,
inseguro,
puro riesgo,
ubre de amatistas cuelgo,
color mirada,
lánguida de adolescente.
Es como si a la creación le agregase,
por mi cuenta,
octavo día.
Ante esta labiada suma en si bemol mayor del caos,
me río,
bailo,
canto en el orfanato,
mi morada;
junto a otros huérfanos me siento,
en la última línea del coro;
con ellos canto isagoge de llanto.
Sobre tablas sacadas de un limonero,
en flor,
soy rana y bailo,
en la zanja me zambullo,
larga y estrecha;
imito,
croo y es cuando de mí se apiada,
el gusano de seda.
A cambio de hojas,
hojas que a la morera quito,
deshacer acepta,
hacer,
la pobre hebra afelpada
que a semejanza de cinta ciñendo virgen,
encinta,
a estos objetos ciñe.
Rehacer,
lo despeinado en exceso,
de mí lo falible,
(media ciudad y suburbio,
mal olientes),
en este mundo.
Toda rizo me la devuelve,
rizo de mar.
A causa de este presente,
reinicio,
mi viaje reinicio;
sin cambiar nada,
-los retoques,
la limonada,
mesa y silla junto a la mesa-
todo ha cambiado.
Ahora soy camelote,
camelote que en las pezuñas renace,
de camello dromedario;
camello sobre las aguas,
en azul río de arena azul-grana.
Peino,
a la hebra despeino,
hasta dar con el ovillo,
tu ovillo.
En el umbral husmeo,
de cómo es la salida por la cual entrar pueda,
en la chacra de helechos que a tu cabeza recubre.
De dar con el hueco,
entrado,
con peine de nácar la he de peinar,
dulcemente.
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poinmasia dijo
Interesante, barroco, trabajado en hebra de pedrería. Muy hermoso, Xavier. Felicidades.
24 Abril 2009 | 07:55 PM