EN EL JARDÍN
Tributo a la “Idea”, ave última, primera, que en mi alma habita
Una gran oreja en ese entonces,
era la tierra;
húmedo,
rosado campo estrellado de mi memoria.
Con sus nudillos de seda 7 colores,
la brisa,
(dale que zumba,
dale que zumba,
la miel en lo recóndito de la colmena),
de mi ventana a la celosía llama,
entra;
poco a poco,
su aroma de hierba después de lluvia,
para mí reproduce,
el cielo.
¡Cómo en esta alta ceja,
disfruta entornándose mi pupila,
con el olvido!
Allí los mares,
sus arrecifes,
todos al hipocampo cantaban,
en un santuario de mariposas deidad sin corona,
tan bien amada.
A éstas,
los latidos de mi corazón confiaba.
Ellas eran las madres,
las hijas,
de la dicha las nietecitas.
¡Deja que me adormile con esta idea,
no me despiertes!
Pon sobre la mesa de la cocina este pocillo
y parte,
déjame solo.
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abril-ale dijo
Quizás regresemos a ese ayer donde la tierra era un jardín, donde podíamos contemplar el cielo límpido, los colores del arco iris, percibir el canto de un pajarillo, el revoloteo de una mariposa y ver correr el agua pura del río.
Quiero creer que así será.
Xavier, un abrazo fortísimo. :)
7 Mayo 2009 | 07:20 PM