II

i

Sin nunca haber podido cuando quise

y pude haber podido,

gratis delante de las narices

debí haber olido a la brisa,

que venía dando avisos,

coletazos,

de + a menos hasta que el cuerpo

su ijar buscó,

para dormir o morir,

según la versión que se prefiera,

de lo negro y de lo blanco

en el campo de la pupila.

ii

Entre la hierba y el agua del río cuando las lluvias,

presentir debí que era el día,

+ buey cada vez,

buey acosado por el lampo de lo pronto y fugaz,

que atropella,

hiere,

mata,

cosmos y microcosmos,

amores y des amores.

Presentir debí que por detrás

de las alforjas en las cuales,

los colores de lo imaginado guardo,

el recinto sombreado,

paralelo a ese otro mundo,

en el cual rondaba la sombra de un ser,

numinoso,

ajeno.

Hacedor y des hacedor,

que con punta de difumino aceitoso,

lluvia pondría encima de nada,

de poco,

de nada medianamente claro,

discernible aunque de sueños se trate.

En qué gruta guarecerse,

cuando todo es ya cosa retinta

y con la lluvia se oye,

al viento que abofetea campanas,

badajos les quita que es como quitar,

lengua al grito.

Ante tanto linchamiento,

en estado de inocencia ayuda implorando,

a la casa del campanero se corre,

pero éste en su cama,

rodeado por lingotes de bronce

junto a fogón apagado,

por bramante de cáñamo

recién retorcido,

abriéndose sobre lo purpúreo

de una almohada,

su almohada,

aunque parece que sueña no sueña,

ha muerto en el sueño.

iii

Como todo así se ha dado,

en atropellos,

a semejanza de músico

que los pistones maneja de trompa,

siendo jinete en la banda,

caballero,

improvisando recito,

fulmíneo me esmero y lo no aprendido aprendo;

sobre sus ancas enhiesto corro

al viento;

salgo despavorido,

en busca de tolete salgo,

sobre el cual,

un remo pueda ajustar,

pues es hora de sacar ese artefacto

de su escondrijo,

innecesario,

fragata para uno sólo,

para muchos si se quiere,

a este viaje río abajo,

dando inicio.